domingo, 19 de agosto de 2012

11. Buscando el punto de equilibrio.



-          Recuerda que siempre aparecerás donde haya algún punto de equilibrio.- me dijo la señora Ximitxu antes de marcharme.
Caminé por la calle con la ayuda de un mapa que me había dejado mi vecina, busqué la principal. Mis ropas no llamaban la atención ya que la gente vestía como quería. Por lo visto, la moda en este tiempo futuro, no era muy importante.
Las calles eran todas zigzagueantes, no había rotondas sino “rombondas”, vamos, que tenían forma de rombo. Eso sí, los coches iban por el aire, no tenían ruedas, aunque seguían siendo coches como los que conocía, quizás con un diseño más sofisticado, pero eran los mismos, exceptuando alguno que otro.
Había muchos paneles solares; eso quería decir que el futuro era ecologista, supuse con una sonrisa interna. Me pregunté si la política de estado, los reinos, y todas esas cosas de la sociedad de cada país, sería la misma o había cambiado. ¿Y los deportes? ¿Existiría mi favorito?
Ahora que lo pensaba, ¿sería casualidad el lograr ser tan rápida y que me gustara tanto el correr? Porque en esta aventura que había comenzado, tenía muy presente que tendría que correr aunque no quisiera.
Miré el reloj que llevaba al cuello. Según la señora Ximitxu, indicaría cuantas horas tenía el día en cada pliegue. Al principio no entendí nada, pero cuando salí y vi otro reloj que colgaba en una plazoleta, me di cuenta de que aquí no eran 24 horas, sino doce, justamente los números que marcaban mi reloj.
Tenía que darme prisa y buscar el punto de equilibrio, la aguja indicaba que eran las siete y media; y era casi de noche. Los faroles de aceite comenzaban a encenderse.
Corrí la cremallera del bolsillo de mi chaqueta y saqué el Maât. Esperé para ver qué decía. Me señaló hacia el norte. Anduve deprisa mirando por donde pasaba para no perderme si tuviera que volver. Apenas había gente en las calles, debía ser bastante tarde. El Maât cambió de dirección hacia el oeste.
Miré a mi alrededor antes de seguir; juraría que parecía que algo o alguien me estaba observando, ¿sería mi guardián? Si lo fuera, quizás no debería sentirme tan inquieta. Busqué temerosa a lo que fuese que me tenía en el punto de mira.
Las personas que había podían contarse con los dedos de la mano: Una mamá con su pequeño en el carrito, un hombre fumando una pipa en un banco, una pareja que esperaban para cruzar juntos y que se metió en una pastelería y… mi corazón dio un vuelco, un hombre alto, con un traje chaqueta oscuro y un maletín en su mano, no me quitaba la vista de encima. Le di la espalda rápidamente tratando de controlarme, no era la primera vez que lo había visto, solo que pensaba que era un ejecutivo saliendo de su trabajo, es lo que parecía. Decidí avanzar hacia donde decía el Maât; si me estaba siguiendo, lo sabría y no sería mi imaginación.
Recorrí la calle zigzagueante, cruzando varias veces. En el tercer cruce, cuando estaba más cerca de mi destino, me giré con disimulo para ver si el ejecutivo estaba por ahí revoloteando. Tragué saliva al descubrirle, no era una coincidencia, además, esta vez, se había acercado como medio metro y me observaba con todo detalle.
 Sin pensarlo, comencé a correr; esta vez no tenía a mi monitor para tomar mi marca, que sería otro record.  
La noche estaba cayendo, era increíble ver como todo se oscurecía. La calzada se veía verde brillante en la oscuridad, parecía mostrar por donde ibas.
Paré en seco, algo agitada debido a mi carrera, prestando atención a mi alrededor, el tipo del traje no estaba. Me apoyé en las rodillas respirando. Miré al frente, pues el Maât decía que estaba casi sobre el punto de equilibrio, pero no había nada, sólo un parque.
Saqué el agua bebiendo un poco y comprobando el Maât de nuevo, sí, era el parque lo que indicaba.
Me aproximé viendo como mi aparatito se iba centrando conforme yo avanzaba hacia el lugar.
Paré de nuevo viendo los columpios, eran iguales a mi tiempo. Esperé un poco, pero no sucedía nada. Suspiré cansada, no sabía que tenía que hacer cuando encontrara el punto de equilibrio libre, sólo sabía que si me quedaba en él, cuando cambiase de pliegue temporal, ese lugar permanecería intacto.
Sonreí sin querer, quizás este fuera el parque de la plaza mayor de mi ciudad. Negué, eso no podía saberlo.
-          Hola, ¿me has echado de menos?- oí de repente.
Miré a mi lado asustada, era el ejecutivo, peso sin maletín, y con una mueca en su rostro nada agradable.
-          ¿Quién eres?- le pregunté.- ¿Y por qué estás siguiéndome?
Enarcó una ceja.
-          ¿De verdad no sabes quién soy? – habló melosamente con un timbre grave. Metió sus manos en los bolsillos del pantalón, echando con un movimiento su cabello negro hacia atrás.- Mumm… ¿estás sola, semidiosa? – le miré vigilante y seria sin contestarle ni moverme de donde estaba.- No veo a tu guardián, cómo has corrido tanto, quizás te haya perdido.- rió y volvió a fijarse en mí, vi sus ojos verdes esclarecidos marcándose una victoria.- Nunca imaginé que sería tan fácil.
-          Aún no has contestado a mi pregunta.- le dije firme. Era mejor no mostrar que estaba muerta de miedo, no sabía quién era, aunque mi instinto decía que nadie bueno.
-          Qué muchachita tan insolente.- me dijo con reproche.- Yo debo presentarme cuando ni siquiera lo has hecho tú, semidiosa. – Respiró hondamente cerrando los ojos.- Si… - dijo mientras los abría.- tu poder es increíble, noté que tenías sangre de dioses enseguida, tu aura es impresionante. Hacía tiempo que no sentía ninguna como la tuya y azul… Mumm… - se aproximó, pero no puso ni un solo pie en el centro de equilibrio.- ¿Y si vienes a mí, muchachita? Podía ayudarte y devolverte a tu tiempo. ¿No echas de menos a tu familia?
Me percaté de que parecía que él no podía pisar el punto de equilibrio donde me hallaba.
-          Eso no es asunto tuyo.- le contesté.- Váyase, por favor. No tengo aún el uróboros.
Rió escandalosamente.
-          ¿Aún no lo entiendes? Sólo tú puedes encontrarlo y dármelo.
-          ¿Eres un erebo?- quise asegurarme.
Paseó un poco de un lado a otro, sin meterse dentro del parque.
-          Al menos has oído hablar de los míos.- dijo burlón.- Tienes que ponerte más al día, muchachita. – puso un pie dentro del punto de equilibrio.- Ven, solo quiero acompañarte en tu viaje…
Una fuerte sacudida de tierra hizo que el ejecutivo se echara hacia atrás tambaleándose; la cosa no podía ir a peor, un terremoto. Me agarré a la rueda que tenía detrás y me fui acercando hacia un banco de madera, me metí debajo de él cerrando los ojos esperando a que pasara todo.
Tan pronto cómo había empezado, terminaron las sacudidas.
Abrí los ojos algo confusa, mi sorpresa fue mayúscula ante lo que veía.
El erebos miraba al frente con rabia, en la misma dirección en la que yo lo hacía.
-          Fuera de aquí, Achlys.- dijo la mujer que había salido de la nada y estaba delante de mí.